Archivo del sitio

LA VIDA QUE NOS PROMETIERON

“Papá, yo lo que no entiendo es por qué España no es Marruecos”. Cuando escuché esa frase me quedé perplejo. Hará 4 años, vivíamos en un todavía. La ironía me invadió, la misma que reflejaba la sonrisa del padre que socarrón contestó: “A veces me sorprende que seas tan listo (“listo” en este contexto =  “que-vayas-a-la-universidad”) con las gilipolleces que dices […] España es un país muy bien formado (léase “con-muchos-universitarios”), con mucho talento”.

He ahí la paradoja, que la formación no sólo no evita la gilipollez, sino que casi la provoca. Vivimos la vida de otros (ninguna estupidez mayor), la que se prometieron nuestros padres: la próxima generación irá a la universidad –sin importar si ésta es de calidad o no pues sin título no se puede ser nadie: antes fueron los títulos nobiliarios, ahora los universitarios: sigue siendo una cuestión de clase. ¿No será entonces un problema más bien de educación que de formación? Lo sabe un servidor quien por cierto era el hijo de la anécdota, y que a día de hoy, pese a los títulos, sigue sin ser nadie.

Mucho tiempo después, crisis mediante y con la ironía como única cara al mal tiempo, me sigo preguntando lo mismo, ahora con el temor de que en breve la pregunta será más caústica (¡todavía!), que se convierta en un antimilagro de un Jesucristo invertido que convirtió el agua en vinagre y el vino en Don Simón, y al darlo a probar a todos nos dejó cara de crío del Atleti: ¿Papá, por qué somos del Marruecos?

Si fuésemos honestos con nosotros mismos, si tuviésemos modales, educación, si supiéramos comportarnos (que es aquello que inculcan los educadores, los padres: no hacer preguntas insolentes sino justas; no querer más de lo que se merece: castigado sin postre por malo, este año carbón por Reyes, etc.) nos debería sorprender más preguntarnos: ¿Por qué deberíamos ser Francia, UK o Alemania? ¿Con qué derecho? Y no la victimista: ¿Por qué somos Marruecos? (Que entre paréntesis quiere decir “no nos lo merecemos ¡¿Por qué nosotros y no el vecino?! (silencio) Putos franceses (¿!?!¿¡?)”)

El gran engaño, que nos hemos contado y creído, ha sido querer ser Europa pero sin cambiar un ápice, es decir, sin serlo. Ser ricos siendo españoles. Ir a la universidad, ser doctor y querer que sea fácil. Y así es, así de fácil. Somos un país infantil, en el que siempre existirá el problema de la educación, pues no hay aulas para 40 millones de niños, para 40 millones de excusas, 40 millones de “yo no he sido”. En nuestro país nadie es culpable de nada, siempre es otro: la crisis de los bancos, el paro del gobiernoZP, el gobiernoZP del gobierno de Aznar… Por el contrario, cada mérito siempre propio, nunca del otro: El Mundial es gracias a mí ó no podría existir Alberto Contador sin nosotros (perdón, esto ya no: Culpable, y dice el coro: “siempre supe que había algo sospechoso en él…”). Entre la jactancia y la cobardía hacemos un país esquizofrénico al borde de la camisa de fuerza, o del baby de la guardería.

¿Cuál es problema de la educación? El aprendizaje del futuro, a saber, aprender “el futuro” que básicamente es lo que no se puede aprender. En un país en el que lo divertido es no hacer nada, cada esfuerzo tiene que tener una recompensa maravillosa, sino tendremos que ir a la huelga, porque eso sería, es, un escándalo. Por eso andamos descerebrados, tanto que estos días leo, que gente de mi generación, nos llama con la perspectiva que da la autonominación: “la mejor generación de la historia de España” y tan panchos (claro, jamás hubo tanta élite ¡ni la Revolución Francesa acabó con tantos títulos! La locura es tal que ¡luchamos por ser lo que no quisimos ser! Ése inalienable derecho a que nuestro título tiene que darnos unos privilegios). Será una cuestión de educación y no de formación. O también.

El problema del futuro, como decía alguien más listo que yo (¿menos universitario quizás?), es que “siempre es lo mejor”, y cómo no, se nos ha quedado cara de idiotas de tan listos. El futuro salió rana, la mejor generación perdida vaga, juega con los Ni-Nios (¿no es ésta la peor generación de la historia de España?), se queja de que no le dejaron hecho el porvenir, mascado, como aquella cama que se hacía sola después de cada desayuno. Para nosotros, ahora el futuro es culpable del pasado, o viceversa o al revés, o todas a la vez, lo que es seguro es que ¡Alguien tiene que tener la culpa de que seamos una generación sin oportunidades ni esperanza! ¡Alguien tiene que ser culpable de mi infelicidad (¡y no puedo ser yo!)!

Estos días escucho muchas quejas, quejas de víctimas victimistas: ¿¡para qué estudié una carrera!? ¿¡Tanto esfuerzo para nada!? Estamos repitiendo al mismísimo Chiquito de la Calzada cuando buscaba respuesta a la irresponsible pregunta “¿Y qué hay de lo mío?”. Una eterna queja sobre un esfuerzo, empero, dudoso en un sonrojante sistema universitario (tema que trataremos en otra ocasión). Según mis estadísticas, que siguen el mismo método que las que maneja el gobierno, el 73% de los universitarios piensan que 1º de Bachiller fue más difícil que 1º de Máster (allí al menos uno se levantaba a las 8 y no volvía a casa hasta las 15 horas –si a un universitario le pones ese horario acabas de crear un asesino). Pero ¿Quién no se esfuerza? ¿El chaval que con 16 años se fue a montar muebles? ¿El minero sin titulación? ¿No será culpa nuestra, por presumir de aprobar un examen sin haber hecho nada, por reír las gracias al que no fue a clase, por alardear de un año Erasmus en el que todo fue por la cara?

Nuestra generación, y no otra, devaluó la universidad hasta transformarla en una guardería para adultos, en una queja infinita que exige el pago de la deuda, alguien nos la debe: ¿¡Pero quién!? ¿Acaso nuestros padres que llevan 25 años pagándome? Para no volvernos locos (¡para no ser deudores de nuestra propia deuda!) nos cubrimos de injusticia, de mala suerte, cada uno se la hace merecer como puede, mistificando: “Yo es que estudié ingeniería que es dificilísimo” -¿Si yo no estudié eso como saber que es tan complicado o cómo sabe él que lo mío es más fácil?- o culpando al ambiente: “No aprendí nada en la facultad de Periodismo, la universidad era malísima”. Víctimas por exceso o por defecto, todas apocadas porque no tienen el futuro que les prometieron.

Sería estúpido pensar que la generación de nuestros padres, abuelos y primates, tuvieron un futuro más estable, predecible, prometido que el nuestro. Ellos se ganaron su futuro ¿Cuándo dejaremos de perder el nuestro? ¿Cuándo viviremos de nuestras promesas?

¿Cuándo dejaremos de perder el tiempo? ¿Cuándo querremos ser dueños de nuestro destino? Es cosa nostra llegar a decir: “Hijo, por esto no somos Marruecos”

Alberto Cruz,

Madrid a 2 de octubre de 2010 para el periódico ‘La Voz de Telde’